¿Alguna vez has estado en una cacería de comida a altas horas de la noche??
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A todos nos pasa. Es el final de una noche de fiesta, has tomado unas copas y te lo has pasado genial, pero ahora tu estómago te dice que necesita un refrigerio sustancioso. Hace unas semanas en Niza, Francia, después del partido de The Villa en Mónaco, algunos nos encontramos en esa situación tan familiar: tres de la mañana, unas cervezas después y muertos de hambre. Necesitábamos comida urgentemente. Uno de los chicos sacó Google Maps, buscó "pizza" y encontró un pequeño y agradable lugar con buenas reseñas no muy lejos. Allá fuimos: 10 minutos caminando bajo la lluvia, abriendo aún más el apetito. Llegamos. Pero esto no era una pizzería. Era algo que nunca habíamos visto. Era una máquina. Como un cajero automático, pero en lugar de dar billetes, repartía pizza. Acercabas la tarjeta, esperabas cinco minutos y salía una pizza humeante. ¿Eficiente? Totalmente. ¿Rápido? Sin duda. ¿Barato? Sí. Pero… faltaba algo. La experiencia. El toque humano. La charla amistosa con el hombre tras el mostrador. El olor a masa recién horneada. La confianza que da saber que una persona de verdad prepara tu comida. Uno de los chicos se animó a experimentar con la máquina de pizza. ¿Y los demás? Pedimos kebabs por Deliveroo. Veinte minutos después, apareció un hombre en bicicleta, balanceando ocho kebabs como un profesional. Nos reímos un rato y charlamos, le dimos las gracias, le dimos una propina y nos pusimos a comer. Y me hizo pensar… La tecnología es genial. Automatización, velocidad, eficiencia: todas tienen su lugar. Pero cuando se trata de confianza, relaciones y conexiones reales, las personas siguen siendo importantes. Así es exactamente como vemos las cosas en Millennium. No somos un simple transportista sin rostro. Construimos relaciones con nuestros clientes, socios y proveedores. Porque la confianza no se construye con correos electrónicos automatizados ni portales en línea. Se construye con conversaciones, resolución de problemas y sabiendo que hay una persona real al otro lado del teléfono que se preocupa por hacer las cosas bien. En los negocios, eliminar el factor humano puede hacer que todo parezca ágil y eficiente, pero la confianza se construye mediante interacciones reales, conversaciones y un servicio personalizado. ¿Qué opinas? ¿Confiarías en una máquina de pizza a las 3 de la mañana? ¿O te gusta el trato humano? Me encantaría saber tu opinión.. |